A lo largo de nuestra vida nos vamos creando una serie de características que nos definen y nos diferencian del resto. Éstas características marcan nuestras identidades, y es desde esa percepción desde donde valoramos nuestras demandas y carencias, por lo tanto es la base de nuestro autocuidado.
Sin identidad “no somos”, y no percibimos nuestras necesidades. Además como vivimos en una comunidad tenemos también una identidad social donde nuestro “yo” se ubica en un grupo o categoría social y poseemos una valoración como miembros de dicho grupo. Las personas nos movemos entre esa identidad personal-social que hemos ido creando con nuestros intereses, relaciones, nuestro trabajo, nuestra familia y amigos…ahí nuestra premisa básica es la libertad de acción y elección como adultos responsables de nosotros mismos.

Todo esto cambia cuando una persona se convierte en un cuidador informal, de pronto la identidad no se pierde pero queda aparcado para ocupar a tiempo, a veces completo, la de la persona a la que cuida. Cedemos nuestros ser hasta que la otra persona pueda retomar el suyo, esto no solo implica cambios en el tiempo de ocio y en las cosas que antes solíamos hacer sino que a veces supone dejar atrás la vida tal y como la concebimos hasta entonces. Hay que decir que esta labor tiene también las consecuencias gratificantes que conlleva el ayudar a una persona querida y de ella pueden salir fortalecidos valores como la paciencia, el respeto y el cariño incondicional, pero es indudable que eso genera un desgaste que puede pasar una factura a veces imposible de pagar. Y es que si cuidarse es siempre necesario, cuando tenemos que estar cerca de un ser querido que necesita nuestro apoyo, entonces el auto cuidado es ya por prescripción médica, en ese momento hay que acordarse de poner en algún momento el foco que nos ilumine a nosotros mismos. Lo ideal sería poder hacer esto en todas las facetas, la física , la económica, la emocional… pero la labor del cuidador es tan dura y absorbente que es imposible a veces hacerlo desde nuestra propia voluntad y necesitamos de un apoyo y una ayuda profesional.

En Auba psicología queremos ayudarte creando un espacio para que por lo menos, una vez al mes podamos poner en común nuestras experiencias. Crear un espacio de apoyo, alivio y desahogo, no una terapia, queremos que sea un lugar para compartir nuestras experiencias durante una hora y media y hablar con total libertad de cómo estamos, de cómo nos sentimos.

Si estás interesado contacta con nosotros y te informaremos de este proyecto y cómo formar parte de este grupo, que hemos llamado “¿cómo estás?¿ cómo estoy?”, nuestra pregunta (cómo estás) y tu reflexión (cómo estoy)

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