En consulta, los psicológos nos encontramos con pacientes que se sienten culpables, frustrados y/o decepcionados consigo mismos. Cuando evaluamos las causas de estos estados emocionales, es habitual encontrarnos con creencias como: «Debería haber hecho aquello y no esto», «Debería ser mejor persona, madre, padre, trabajador…», «No debería sentirme tan insegura», «Tengo que conseguir este ascenso», etc.

Sin embargo, estas creencias, aunque en principio pueden parecer que aumentan la probabilidad de conseguir nuestros objetivos, según cómo las interpretemos, pueden generarnos una carga emocional añadida en el caso de no conseguirlas y/o en el caso de creer que no somos capaces de hacerlo. Esto ocurre si hacemos la interpretación de que, no conseguir lo que «debería» significa que «soy peor persona», «inferior», «menos válido», «un fracasado», etc.

Por un lado, es importante saber, que es irracional equiparar nuestra valía como persona a nuestros éxitos y/o fracasos, pues el valor como persona es intrínseco a nosotros mismos, por lo que etiquetarnos deja fuera muchas variables que seguramente también somos.

Por otro lado, ayuda tener en cuenta que, alcanzar nuestros objetivos, no se trata de una «obligación», si no de nuestros «deseos». Por eso, es interesante modificar el tono y las palabras con las cuáles nos hablamos a nosotros mismos. Para ello, de una forma más amable, podemos cambiar la frase «Debería ser mejor madre» por «Me gustaría ser mejor madre. Si no lo consigo como me gustaría hacerlo, no significa que sea mala madre, si no que lo he intentado».

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