Los problemas de la vida pueden llevarnos a una situación de desesperanza: ya sea porque hemos perdido algo, porque no alcanzamos metas que son importantes para nosotros o no terminamos de adaptarnos a cambios vitales… Esta situación puede mantenerse en el tiempo si nuestros intentos de solución no son efectivos o incluso agravan el problema. Es entonces cuando se dice que entramos en “depresión”. Y digo entrar, porque más que como algo que tenemos, podemos entender la depresión como una situación en la que nos encontramos. Y de la que podemos salir.

En el proceso de entrar en depresión solemos encontrarnos con un componente común: el abandono de actividades gratificantes o importantes para nosotrxs. La aparente imposibilidad de salir de una situación difícil nos lleva a bajar los brazos, a cejar en nuestros intentos de solución. Comenzamos a sentirnos desbordados por emociones desagradables (ansiedad, tristeza, preocupación…), a darle vueltas a nuestra situación una y otra vez, sin resultado, y nuestro ánimo decae más y más, y cada vez hacemos menos y menos. Caemos en la inactividad. Y seguimos una maliciosa regla verbal que completa la trampa psicológica: “no hago nada porque no tengo ganas”. Pues bien, la puerta de salida de la depresión empieza por darle la vuelta a esas reglas bajo las que nos estamos moviendo. Probemos:
Quizá “no tengo ganas porque no hago nada” explica mejor la situación en que te encuentras que “no hago nada porque no tengo ganas”. O “me siento mal porque no hago nada” describe mejor lo que está pasando que “no hago nada porque me siento mal”. Démosle de nuevo la vuelta: “si hago cosas tendré más ganas/me sentiré mejor”. ¿Qué tal te suena? Ahora toca convertirlo en acciones concretas, ¡pongamos esta nueva regla a prueba!
Es importante enfatizar que darle la vuelta no es sólo entender la trampa que se encierra en estas fórmulas verbales. No se trata de un ejercicio de racionalidad, sino de experiencia. Esto no es sólo un pensamiento, es una “regla de comportamiento”, así que ¡pongamos las palabras en marcha!
Una de las cosas más importantes es saber encontrar las actividades adecuadas. Hay una serie de preguntas que puedes hacerte (lápiz y papel mediante):

¿Qué actividades has dejado de hacer y te gustaría volver a hacer?

¿Qué actividades estás haciendo menos y te gustaría hacer más?

¿Qué actividades no has hecho nunca pero te gustaría hacer ahora?

¿Qué actividades, aunque no resulten gratificantes en sí mismas, te dejan una satisfacción o sensación de logro?

Para todo esto, te ayudará mirar hacia atrás en el tiempo, en tu propia historia: ¿Qué actividades te hacían sentir bien o eran importantes para ti antes de encontrarte así?
Por último, elige actividades dirigidas a resolver el problema o cambiar la situación que te ha llevado a la depresión. Deja estas actividades para el final, pues son el tramo más abrupto del camino, el más inhóspito y escarpado. Ten en cuenta que es posible que necesites ayuda para identificar los desencadenantes que te han llevado a la situación de depresión o para diseñar un plan de acción dirigido a su solución.

Es muy probable que al ver las actividades que hay en la lista, pienses “ufff, pero yo no soy capaz de hacer esto”. Lo bueno del camino de salida de la depresión es que puedes recorrerlo a tu ritmo. Coge cada una de las actividades y divídela en pasos pequeños, muy pequeños si es necesario. Por ejemplo, si quedar con tus amigos es un paso demasiado grande puedes quedar con uno de ellos a solas, o puedes simplemente llamarle, o simplemente escribirle un mensaje. Cualquier paso que te aleje de la situación de depresión cuenta. Y valorar que cada uno de estos pasos te aleja de la situación de depresión es realmente crucial. Para ello, puedes anotar una marca en un horario o agenda cada vez que hagas una de esas actividades. Te ayudará a identificar y valorar cada pasito, cada avance. También puedes anotar, en el mismo horario o agenda, tu nivel de estado de ánimo o de satisfacción general de cada día, en una escala del 0 al 10. Así podrás ver el impacto de estas actividades en tu estado de ánimo.

Al principio te costará mucho, y es posible que tardes un tiempo en empezar a sentirte mejor, por eso es importante perseverar, porque al final del camino de salida de la depresión hay un mundo rico en experiencias.

En resumen, hagamos cosas, aun (sobre todo) cuando no tengamos ganas, y quizá esas ganas aparezcan después, y quizá esas cosas empiecen a importarnos. ¡Probemos! Porque para salir, para darle la vuelta, la implicación y el compromiso con las actividades que son importantes para ti van antes que las ganas. Y marcan el camino de salida.
Es necesario subrayar que salir de una depresión es una tarea difícil, implica recorrer un camino realmente arduo, para lo que con frecuencia es necesaria la ayuda de un o una profesional de la Psicología. Si necesitas atención psicológica, contacta con nosotros, ¡estaremos encantados de acompañarte en tu camino!

¿Te ha gustado el artículo? ¡Compártelo!
Abrir chat
¿Necesitas ayuda?
¡Hola! ¿Necesitas ayuda?... Consúltanos por aquí