Autora: Irene Chico. Psicóloga Sanitaria. Nº de col. M-26380

“Quiero hacerlo perfecto”, “No me sale como yo quiero”, “Esto es una porquería”… Si tu hijo o hija reacciona con frustración, rabia o tristeza cada vez que algo no le sale como espera, puede que estés frente a un perfil de niño o niña hiperexigente.

En consulta, es muy frecuente que madres y padres nos digan:

  • “Mi hijo se exige demasiado”.
  • “Tiene muy baja tolerancia a la frustración”.
  • “No soporta equivocarse y se enfada muchísimo”.

Y es importante entender que esto no es un “capricho”, es una forma de funcionar que, si no se acompaña bien, puede generar mucho malestar, tanto para el niño como para su entorno.

¿Qué es un niño hiperexigente?

Se trata de niños con una autoexigencia muy elevada, que tienden al perfeccionismo, se comparan mucho con los demás y se frustran con facilidad cuando las cosas no salen como esperaban. Suelen tener una sensibilidad alta y una necesidad profunda de aprobación o control.

Aunque esta exigencia a veces se confunde con “madurez” o “inteligencia”, en realidad muchas veces esconde inseguridad, miedo al error y una baja tolerancia a la frustración.

¿Cómo se manifiesta?

  • Se enoja o se frustra fácilmente cuando no logra algo a la primera.
  • Tiene miedo de equivocarse y a veces evita tareas nuevas por temor a fallar.
  • Se compara constantemente con otros niños o hermanos.
  • Tiende a exigirse mucho en el colegio, los deportes o los juegos.
  • Llora, grita o se bloquea cuando siente que no lo hace “bien”.

¿Qué pueden hacer las familias para ayudar?

Aquí algunas claves prácticas para gestionar mejor la exigencia y la frustración infantil:

1. Validar sus emociones

Es importante que sienta que su emoción es legítima, aunque no compartamos su visión. Frases como:

  • “Entiendo que estés frustrado porque querías que te saliera perfecto”.
  • “Es normal sentirte así cuando algo no te sale como esperabas”.

dan contención y abren el camino para calmarse.

2. Desligar el valor personal del resultado

Ayudarles a entender que equivocarse no los hace menos valiosos. Refuerza el proceso, no solo el logro:

  • “Te esforzaste mucho, eso es lo más importante”.
  • “Lo intentaste varias veces, y eso es admirable”.

3. Modelar el error como algo natural

Mostrar que los adultos también se equivocan y siguen adelante.

4. Evitar sobrecorregir o anticiparse constantemente

Cuando los adultos corrigen o se adelantan continuamente, refuerzan la idea de que hay una única forma perfecta de hacer las cosas, o que el niño no será capaz. Es mejor dejar espacio para explorar, equivocarse y volver a intentar.

5. Fomentar actividades no competitivas y creativas

Las actividades artísticas, el juego libre o los juegos cooperativos ayudan a bajar la autoexigencia y conectar con el disfrute, más allá del resultado.

¿Cuándo pedir ayuda profesional?

Si el malestar emocional del niño o niña es frecuente, si los conflictos en casa aumentan o si la exigencia empieza a afectar su autoestima, puede ser muy útil comenzar un proceso terapéutico.

En Auba Psicología acompañamos a familias que atraviesan este tipo de desafíos, ofreciendo orientación a padres y trabajo emocional con los niños.

Si sentís que en casa estáis viviendo una situación similar, no dudéis en escribirnos. ¡Podemos ayudaros a encontrar nuevas herramientas y recuperar la calma familiar!

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